viernes, 15 de mayo de 2009

Dominio....

Cuando hablo de amor, lo hago entendiendo que el amor más que un adjetivo o un sustantivo es un verbo. Entonces el verbo se vive, se actúa, se inserta en la conciencia, y se es capas de crear en base de la fuerza poderosa y revolucionaria del amor. Es por eso que quizá choco con los parámetros ortodoxos que el materialismo busca inculcar entre nosotros. Desde el marxismo clásico y el capitalismo que reducen el actuar humano a una relación netamente material, quizá sea momento de entender la realidad desde otros parámetros, quizá mas culturales, quizá mas psicológicos, quizá mas libertarios. No niego la relación de dominio material, pero si entiendo que las relaciones de poder y dominio se dan además en los parámetros abstractos culturales de la sociedad. se expresan en la cultura de nuestras comunidades. Porque el dominio no solo lo ejerce el burgués a la clase trabajadora, o el patrón al campesino explotado. Además lo ejerce la iglesia, el Estado, los políticos, la policía, los militares, los profesores, y un sin fin de hombres representantes de las instituciones de dominio. Esto implica que su legitimidad no solo se adopta en relación a los medios de producción, sino que además a la reproducción de los modelos de dominio. La estructura en si misma pareciese domesticarnos al dominio. Desde el psicoanalista Erich Fromm y su estudio del poder en el "Miedo a la Libertad", podemos entender que las relaciones de dominio no solo son defectuosas para el dominado sino que además lo son para el que domina, pues ambos en su búsqueda por la realización del “YO” y el quehacer con la soledad, llenan su vacío con la experiencia de la sumisión (masoquismo) o el dominio (sadismo). Si así funcionan las superestructuras modernas, entonces quizá sea necesario sanarnos de ellas desde la crítica y la acción directa desde abajo, desde lo más profundo del modelo; desde la realidad de los oprimidos en todos los aspectos, los obreros, los campesinos, las mujeres, los estudiantes, los indios, etc. Los sectores populares en todos los aspectos. Como lo diría Foucault, sería necesario desenmascarar a todas las instituciones que pretenden ser vistas como neutrales aun siendo estas el principal foco de legitimación de dominio y poder.

domingo, 3 de mayo de 2009

El momento de...

A veces es necesario romper con todo para regenerarse. Es necesario destruir todo lo que se ha escrito para realzar el vuelo nuevamente. Destruir para construir, e allí el dilema. Pero cuesta tanto zafarse del pasado que el proceso de regeneración puede ser tan doloroso como la misma muerte. Como la filosofía cristiana, morir para volver a nacer, resucitar de entre la muerte. Antagónicamente, un férreo opositor del cristianismo como Nietzsche nos enseña con respecto a la historia que es necesario romper con la tradición, con todo lo vivido, destruirlo para volver a emerger lo nuevo, lo glorioso, lo magnámico, y desde allí germinar la nueva historia del hombre. Poder volver a ser el hombre Ahistórico (sin historia) para desde allí crear la nueva historia. Nos enseña a romper con el pasado y generar la nueva visión. Y es que a veces las ataduras del pasado pueden ser tan agotadoras que no nos permiten crear, transformar, revolucionar nuestro presente, y por ello, mucho menos nos permiten crear nuestro futuro. De alguna manera es necesario descargar la mochila y aligerarse ante la vida. El proceso será solitario, duro, tenebroso, pero será necesario para volver a emerger de la destrucción. Hay cosas que son inevitables, como lo escribió Paulo Cohelo en La Quinta Montaña, y dentro de ellas, lo inevitable es conocer el dolor y el sufrimiento. ¿Cuál es la gracia de tal devenir? Que solo conociendo el dolor y el sufrimiento seremos capaces de conocer la alegría y el placer cuando nos llegue el momento. Por lo demás, quizá ahora solo sea la hora de vivir el momento.